Avispas Alfareras: un biocontrolador que solemos ignorar

Estimado lector, probablemente en algún momento de su agitada vida habrá observado diminutas estructuras de barro construidas por avispas en las paredes y ventanas, ya sea en su hogar o en el trabajo. ¿Sabía usted que estas avispas trabajan para usted como controladores de plagas? Si le inunda la curiosidad por saber sobre estas avispas con complejo de albañil y las sorpresas que aguardan dentro de sus obras, esta lectura es para usted.

¿Por qué alfareras?

En la naturaleza existen diferentes grupos de avispas, tal vez las más conocidas sean las “de papel” y las “alfareras”. Las primeras forman un único panal expuesto y dividido en decenas o cientos de celdas y su construcción es la mezcla de fibras vegetales masticadas y cohesionadas con saliva. Las avispas alfareras tienen una dinámica diferente; son capaces de probar la textura del suelo en pequeñas porciones con sus mandíbulas y patas delanteras. Esto lo hacen con el fin de probar si los materiales son moldeables y seleccionarlos para su propósito de anidación; luego se dirigen a una fuente de agua cercana y recolectan una pequeña cantidad; la transportan hasta donde está el suelo seleccionado para amasar una pequeña porción, formando una bolita de barro. La bolita de barro es llevada finalmente al nido para proceder con la construcción. Estudios reportan que las alfareras realizan su obra golpeteando con sus patas y mandíbulas, provocando una vibración que aumenta la densidad y adhesión de los materiales. Es de esta forma como compacta y endurece las bolitas de barro, como si se tratara de una pared casera de ladrillos y cemento. Curiosamente, las investigaciones indican que la calidad del suelo de sus nidos está relacionada con su éxito reproductivo y, obviamente,

con su sobrevivencia. Los nidos son construidos en lugares con poca exposición a la lluvia y el sol, así como de otros depredadores como aves, hormigas, murciélagos y parasitoides, por ello es frecuente encontrarlos entre paredes, marcos de ventanas y mesas de oficina en áreas urbanas.

Solitarias por naturaleza

Es común pensar en las avispas como insectos sociales que viven en colonias organizadas en castas y compartiendo nidos entre sí, pero este no es el caso de las alfareras. Las crías crecen solas sin ningún cuidado parental, ya que la madre una vez que completa el nido se dedica a la caza y los machos mueren al poco tiempo de cumplir su rol reproductivo. La construcción del nido puede durar entre varias horas o un día, construyendo múltiples celdas, que son acondicionadas para las crías y aprovisionadas con presas. Cuando la celda ya está aprovisionada, la avispa madre la sella y agrega una capa más de material a las paredes, aumentando su grosor. Posterior a este proceso, la avispa madre no vuelve a interactuar con las celdas ya selladas y reforzadas.

¿Qué será de mis hijos?

Ahora que sabemos que las avispas alfareras son padres y madres ausentes, existe el riesgo de que no todas las celdas completas produzcan descendencia adulta. Factores como la parasitación de sus nidos reducen significativamente el éxito de la cría. En ocasiones, la capa de recubrimiento puede ser demasiado dura para que la cría emerja después de completar la metamorfosis holometábola, con cuatro etapas bien diferenciadas de huevo, larva, pupa y adulto.

Entre aquellos que pueden parasitar sus nidos están otras pequeñas avispas del género Ichneumonidae, que pueden ser endo o ectoparasitas. Estas parásitas localizan zonas más delgadas en el nido gracias a las vibraciones generadas por los golpes de sus antenas. Posteriormente utiliza el ovipositor largo para secretar una sustancia que ablanda el barro, penetra el nido y deposita un huevo. En caso de que la Icheumonidae sea endoparasita, pega su huevo a la larva de la avispa alfarera; cuando el huevo del endoparasito eclosiona, perfora la cutícula de la larva de avispa alfarera, usando sus mandíbulas e ingresa en su organismo, alimentándose de sus tejidos no vitales. Una vez está lista para empupar, consume finalmente los órganos de la larva asesinándola en el proceso.

Si la Icheumonidae es ectoparasita, al eclosionar el huevo, la larva no ingresa completamente a la avispa alfarera, pero si consume su tejido superficial, sin matarla en el proceso. A medida que crece la larva va

devorando por completo a la larva de avispa alfarera desde el exterior. Sin duda, estas parásitas ha conseguido especializarse en frustrar el crecimiento de las alfareras, ya que, independientemente de ser endo o ectoparásita, consigue matar a las larvas del nido.

Excelentes controladores de plagas

Las celdas del nido de la avispa alfarera son abastecidas principalmente de orugas y arañas que han sido paralizadas por la avispa a través de su aguijón. El veneno de este insecto está compuesto por péptidos antimicrobianos y citolíticos. De esta manera, este compuesto letal posee la capacidad de paralizar a la presa y evita que esta se infecte para que las larvas consigan comerla tranquilamente. Un nido puede contener de 10 a 23 presas, lo que limita el crecimiento poblacional de estos artrópodos, que son perjudiciales para las plantas y otros invertebrados. La avispa alfarera puede tener un impacto depredador igual o mayor al de las aves, mamíferos o anfibios insectívoros. Los tipos de presas varían de acuerdo con las especies de artrópodos más abundantes en los alrededores. Hay registros que señalan que, en zonas templadas, pueden producir solo una generación al año, ya que entran en estado de hibernación en el otoño y en invierno, previamente a completar su desarrollo, para que puedan emerger en primavera. Aunque en regiones más tropicales, tienen varias generaciones al año, lo que se traduce en un mayor consumo en volumen de presas.

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