Turberas amazónicas, de sumidero a emisor de carbono: una respuesta del ecosistema acondiciones ambientales extremas
En las profundidades de la Amazonía peruana yacen las turberas, ecosistemas de gran importancia para la vida, pero extremadamente frágiles. Estos humedales tienen la particularidad de secuestrar grandes cantidades de carbono, funcionando como amortiguadores naturales contra el cambio climático. Sin embargo, estudios científicos recientes revelan que este ecosistema, que usualmente actúa como sumidero de carbono, está siendo amenazado por acción del hombre y el cambio climático.
¿Por qué son importantes las turberas amazónicas?
Según el artículo del “Global Peatlands Assessment: The State of the World’s Peatlands” publicado por el Global Peatlands Initiative, se estima que las turberas amazónicas en Perú almacenan 5,400 millones de toneladas de carbono, el equivalente a décadas de emisiones globales. Las turberas de la Amazonía peruana cubren una superficie aproximada de 74,644 km2 y están categorizadas en pantano de palmeras
(aguajales), varillal hidromórfico, pantano herbáceo-arbustivo y bosque aluvial inundable; según datos de CIFOR, 2020.
¿Cuáles son los hallazgos científicos más recientes?
Una investigación reciente, publicada por el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP) y sus colaboradores de instituciones estadounidenses en la revista Geophysical Research Letters, revela un cambio preocupante en el aguajal del parque turístico Quistococha, cerca de Iquitos. Este ecosistema, que antes era un sumidero de carbono, se comportó durante el año 2022 como un emisor de CO2, con rangos de emisión diferentes a los datos comparados en 2018-2019 (Griffis et al., 2020).
Este cambio se atribuye principalmente a la fotoinhibición de las plantas, proceso desencadenado por la combinación de condiciones ambientales secas y una alta
irradiación solar. Este doble estrés, lumínico e hídrico, impide que la fotosíntesis se
realice de forma efectiva, afectando negativamente la absorción de carbono, lo que
convierte a las turberas en ecosistemas
vulnerables a períodos de alta radiación
solar, ya que la fotoinhibición limita la fotosíntesis.
Este hallazgo subraya la importancia crítica y previamente no reconocida de la fotoinhibición como un motor de los cambios
en el balance de carbono de las turberas.
Dado que este mecanismo de deterioro
de la fotosíntesis ha sido poco estudiado
en esta parte de Amazonía, proyectamos
que los futuros escenarios de cambio climático —con periodos extendidos de alta
irradiación solar y niveles de agua bajos—
podrían ampliar drásticamente las fluctuaciones que ocurren en el ambiente, afectando la capacidad de las turberas para
actuar como sumideros de carbono (Wood
et al., 2025).
¿Qué impactos tienen los cambios ambientales?
Cuando el nivel de agua desciende por debajo de la superficie, una mayor exposición al oxígeno acelera la descomposición, liberando el carbono almacenado a la atmósfera. Simultáneamente, la fotoinhibición reduce la capacidad del bosque para absorber dióxido de carbono (CO₂), lo que debilita su función como sumidero de este gas de efecto invernadero. Si estos ecosistemas pasan de ser sumideros a ser emisores de este gas, el resultado podría ser una aceleración del calentamiento global, con graves consecuencias para la estabilidad climática. Para las comunidades locales, especialmente los pueblos indígenas que dependen de estos bosques, esto significa una disminución de los recursos, la alteración de los patrones climáticos y una mayor vulnerabilidad.
¿Qué se puede hacer?
Para proteger estos ecosistemas, es decisivo mantener el equilibrio hídrico y prevenir la deforestación. Por su parte, la investigación continua y los esfuerzos de conservación nos permitirán mitigar los riesgos, asegurando que las turberas mantengan su capacidad de almacenamiento de carbono para las futuras generaciones. La salud de las turberas en la Amazonía peruana no solo impacta nuestro clima
global, sino que también está directamente relacionada con el bienestar de la población local, por consiguiente, reconocer su vulnerabilidad es el primer y más importante paso para proteger nuestro futuro compartido.
¿Cómo podemos ayudar?
Apoyando las iniciativas de conservación, promoviendo la gestión y el manejo sostenible de las turberas y manteniéndonos informados sobre el rol de la Amazonía como ecosistema que contribuye a la mitigación de los efectos del calentamiento global.