Los ecos de mowacha: la cerámica en el pueblo ticuna

Manuel Martín Brañas / Sydney Silverstein / Gladys Vicente / Margarita del Aguila / Cecilia Núñez / Ricardo Zárate / Rosario Rodríguez Romaní / Juan José Palacios

La fabricación de objetos de arcilla es una práctica que se inició de manera paralela en diversos lugares del planeta y que ha sido muchas veces vinculada a la agricultura (Dillehay, 2013), aunque hoy tenemos evidencias de que su nacimiento fue más antiguo (Jordan, 2009; Wu, 2012). En la Amazonía, la cerámica se habría originado en el Holoceno temprano, hace unos 8000 años (Porras, 1975; Meggers, 1987; Roosevelt et al., 1991; Neves, 2007).

Los restos cerámicos encontrados en el sambaqui de Taperinha, en Pará, Brasil, son considerados los más antiguos del continente americano, lo que constituye una prueba evidente de la presencia de la cerámica en las pnmeras fases del poblamiento humano de la Amazonía (Roosevelt et al., 1991).

En la Amazonía peruana, los restos cerámicos más antiguos han sido encontrados en el sitio arqueológico de Tutishcainyo, cerca de la ciudad de Pucallpa, en el río Ucayali (Lathrap, 1970; Renard-Casevitz, 1988; Morín,
1998; Santos y Barclay, 1998). Algunas de las tinajas encontradas, datadas cronológicamente entre los 4200 a 3700 años de antigüedad, probablemente fueron utilizadas para almacenar bebidas fermentadas elaboradas con diferentes variedades de yuca dulce (Lathrap, 1970; Renard-Casevitz, 1988).

No cabe duda de que la cerámica se presentó en un principio como una solución al problema del alma­nenamiento de algunos productos recolectados en los bosques, como frutos de palmeras y semillas de diferentes especies, después fue utilizada para almacenar los productos de la diversidad cultivada, como la yuca y otras raíces, el maíz e incluso también para contener líquidos fermentados en los campa­ mentos permanentes o semipermanentes instalados por los primeros pobladores amazónicos.

La totalidad de los pueblas amazónicos han trabajado la arcilla en algún momento de su desarrollo”

La totalidad de los pueblos amazónicos han trabajado la arcilla en algún momento de su desarrollo. Algunos han desarrollado técnicas de modelado y propuestas estéticas que les son propias y que se convierten en su principal seña de identidad. La ubicación geográfica y la disponibilidad de ciertos materiales, determinaron el grado de desarrollo de la cerámica, los contactos con sus vecinos étnicos influyeron en las técnicas y en los procesos decorativos, generando una diversidad de corrientes que nos permiten perfilar la historia de esos contactos.

Uno de los pueblos que conocemos gracias a su cerámica es el ticuna. En los lugares donde se asentaron tradicional­ mente, se han encontrado restos de cerámicas con una antigüedad mayor a los 2000 años (Bolian, 1975; Goulard, 1994). Debido a la influencia de algunos pueblos tupí, como los omagua, la cerámica ticuna incorporó elementos de la tradición policroma, manteniendo, no obstante, una forma y un estilismo representativo.

Hoy en día, la cerámica se sigue elaborando en algunas comunidades ticuna peruanas del bajo Amazonas, pero su estado de conservación es crítico. La proliferación de los cultivos ilegales de coca, cuyo crecimiento ha sido impa­ rable desde la década de los 70 del siglo pasado, ha generado una economía sumergida que ha permitido a los ticuna acceder con mayor facilidad a los mercados locales y regionales, pero también ha provocado profundas grietas en la transmisión de los conocimientos, prácticas y valores a las nuevas generaciones, al igual que lo han hecho otras industrias extractivas legales o ilegales, como las industrias petrolera y minera.

LO QUE SABEN LAS ABUELAS

Fueron las gemelas míticas Mowacha y Aixküna las que transmitieron los conocimientos sobre las prácticas tradicionales a las mujeres ticuna. Mowacha les enseñó a elaborar lindas vasijas de cerámica (Formabiap, 2015). Las gemelas nacieron, junto a Yoxi e !pi, de las rodillas del gran padre Nguxtapax. Este mito de creación determina los roles específicos que desempeñarán hombres y mujeres en la sociedad ticuna, estableciendo el papel protagónico de la mujer para la regeneración de la cultura ticuna.

Para recolectar la arcilla de color blanquecino, nea en caolinita, las mujeres acceden desde tiempos inmemoriales a las quebradas, en horas de la mañana, cuando Yewaex, el espíritu o ngo ‘o protector de la quebrada, se encuentra ausente. La presencia de Yewaex, la enorme boa negra que los ticuna también llaman Pa oi “el abuelo”, condiciona el cumplimiento de una serie de normas que son de estricto cumplimiento para salvaguardar la integridad fisica de los visitantes y de sus familias.

La arcilla de color blanco grisáceo se recoge de la morada de Yewax, el espíritu o ng’o que protege la quebrada.

La presencia del abuelo Yewaex en la quebrada convierte el lugar en un espacio sagrado que debe ser respetado. Las mujeres embarazadas, las que están en su periodo menstrual, los niños y niñas, no pueden acceder a su morada. Antiguamente era el chamán o el curandero el que solicitaba permiso para extraer la arcilla o el excremento del abuelo. Para ello, inhalaba jugo de tabaco de monte y fumaba cigarros elaborados con sus hojas, soplando el humo en el lugar donde iban a extraer la arcilla (Nimuendajú, 1952). Como ofrenda al abuelo, se depositaban en la orilla de la quebrada recipientes con masato o jugo de tabaco. Las mujeres modelaban pequeñas tinajas y cucharas y las depositaban junto a los regalos del chamán.

Actualmente, las mujeres ticuna van en grupo a la quebrada sin la compañía del chamán, pero mantienen un profundo respeto hacía Yewaex. La visita a la quebrada no debe ser planificada con mucha antelación, evitando así que el abuelo Yewaex conozca las intenciones de las mujeres e invoque a la lluvia. Para ellas el abuelo sigue presente en la quebrada y si no cumplen con las normas establecidas para la extracción de la arcilla, los objetos se romperán al ponerlos sobre el fuego y serán muy quebradizos a la hora de manipularlos.

“El alto contenido de sílice en la corteza de la apacharama, permite compensar la contracción de la arcilla provocada por la alta temperatura”

La arcilla es mezclada con la ceniza de la apacharama Licania micrantha. La utilización de la apacharama como desengrasante natural nos sigue asom­brando profundamente. El procedimiento, difundido ampliamente por toda la Amazonía, requiere de un profundo conocimiento de las propiedades fisicas y químicas de los materiales naturales existentes en el bosque (Morales, 1998).

El alto contenido de sílice en la corteza de apacharama, que tiende a expandirse en la cocción, permite compensar la contracción de la arcilla provocada por la alta temperatura (Vian, 1994).

El modelado se inicia con la preparación de la base circular, sobre la que se colocan, siguiendo su borde, las delgadas tiras tubulares de arcilla, amasando suavemente con los dedos conforme se avanza en altura. Cuando finalizan el objeto, este debe secar a la sombra durante una semana. Una vez secos, son pulidos con las semillas de la chambira Astrocaryum chambira o la inayuga Atta /ea maripa. Los objetos pulidos pueden ser pintados con diseños realizados con diferentes arcillas de colores.

La señora Erlinda Maricahua personalidad meritoria de la cultura 2019, moldeando lo que será una vasilla tuxü, ideal para almacenar agua o masato.

Para asar la cerámica, las mujeres acumulan ramas en una pira y le prenden fuego. Cuando solo quedan brasas, las mujeres las recogen y las colocan dentro y alrededor de las vasijas. Esto permite aumentar su temperatura, preparándolas para el golpe definitivo de calor. Posteriormente cubren las vasijas con ramas secas y alimentan el fuego. El asado de las vasijas se extiende aproximadamente por 40 minutos, espacio de tiempo en el que se toman de un color ceniza blanquecino.

Cuando se enfrían las vasijas, las mujeres utilizan el látex del árbol conocido como leche caspi Couma macrocarpa para sellar su interior, lo que permitirá el almacenamiento de líquidos sin el riesgo de que haya filtraciones. Las vasijas, entonces, están listas para ser usadas.

ESCUCHANDO LOS CONSEJOS DE MOWACHA

El pueblo ticuna enfrenta, hace ya más de dos décadas, una amenaza que pone en peligro la transmisión intergene­ racional en sus comunidades. El aumento de los cultivos ilegales de coca en la cuenca baja del río Amazonas, ha generado ingresos económicos para muchas familias ticuna que, cansadas de esperar la presencia de un estado lejano e indiferente, han abrazado los beneficios que este cultivo les proporciona.

El problema de la erosión cultural no es generado de manera exclusiva por la industria cocalera, tiene varias aristas y en ella participan también otras industrias legales o ilegales”

El tiempo y el esfuerzo demandado por los cultivos de coca no solo han provocado el abandono de algunos cultivos tradicionales característicos del pueblo ticuna, también está afectando a los mecanismos tradicionales de transmisión de los conocimientos, provocando que muchas de las prácticas tradicionales se lleven a cabo de manera marginal en algunas comunidades.

El problema de la erosión cultural no es generado de manera exclusiva por la industria cocalera, tiene varias aristas y en ella participan también otras industrias legales e ilegales. Por ejemplo, como un intento de controlar el crecimiento exponencial de los cultivos de coca, se inició una ambiciosa campaña de cultivos alternativos que complicó aún más el escenario. La introducción de cultivos no tradicionales en la zona, sin desarrollar diagnósticos culturales previos, ni contemplar actividades para el fortalecimiento de la identidad, ha profundizado aún más la brecha, ya que de igual manera que la coca, estos cultivos impiden aprovechar las potencialidades de la diversidad cultivada tradicional y del territorio ticuna. Sin apego a la tierra, ni valores tradicionales, será difícil ganar la batalla.

En la medida que el pueblo ticuna mantenga su identidad, habrá espacios para desarrollar prácticas como la cerámica, que refuerzan el vínculo con la tradición y los ecosistemas naturales que rodean las comunidades”

Si bien, el escenario no es muy favorable, creemos que todavía existe un espacio para la esperanza.

Contemplando la realidad en la que viven las comunidades ticuna, hoy en día resulta sorprendente que los adultos y jóvenes sigan comunicándose en su lengua materna. Es sorprendente también, encontrar algunas mujeres y hombres que mantienen vigentes conocimientos sobre su entorno y el bosque circundante, interpretándolo y generando tecnologías válidas para su propio desarrollo. Estos son indicadores válidos que nos permiten afirmar que no todo está perdido. En la medida que el pueblo ticuna mantenga su identidad, habrá espacios para desarrollar prácticas como la cerámica, que refuerzan el vínculo con la tradición y los ecosistemas naturales que rodean las comunidades, dan valor a lo propio y tienen un gran potencial para los emprendimientos económicos gestiona- dos por las propias mujeres.

Mujeres ticuna de las comunidades Bufeo Cocha Nueva Galilea y Santa Rita transmitiendo sus conocimiento a las nuevas generaciones.

Son las mujeres ticuna las principales garantes de los conocimientos, prácticas y valores del pueblo ticuna. Son ellas las que oponen mayor resistencia a las agresiones externas y las que, a pesar de las dificultades y las nuevas dinámicas socioeconómicas, recuperan y transmiten los conocimientos de los antiguos. Esta resistencia activa, presente actualmente en varias comunidades del bajo Amazonas, se materializa en una serie de emprendimientos propios que se presentan como la mejor alternativa viable a los cultivos legales o ilegales, convirtiéndose en la barrera más eficaz para las actividades que erosionan la identidad y los valores propios. En la medida en que se escuche a las mujeres ticuna, se entiendan sus reivindicaciones y se acceda a sus propuestas, podremos desarrollar estrategias adecuadas de desarrollo en la zona.

Mientras esto ocurre, un grupo de mujeres ticuna sigue pidiéndo la arcilla al abuelo Yewaex, intentando, a pesar de las adversidades y las batallas perdidas, moldear un futuro en la tierra de Mowacha, la primera mujer que enseñó la cerámica a las mujeres ticuna.

© Manuel Martín Brañas / Sydney Silverstein / Gladys Vicente / Margarita del Aguila / Cecilia Núñez / Ricardo Zárate / Rosario Rodríguez Romaní / Juan José Palacios

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

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2.-­ Dillehay, T. 2013. Sedentarismos y complejidad prehispánicos en América del Sur. Intersecciones en Antropología 14: 29­-65.

3­.- Formabiap. (2015). La fabricación de cerámica en los pueblos ticuna, kukama­kukamiria y kichwa del Napo (Napuruna). Iquitos, Perú: Formabiap; AIDESEP; ISPPL.

4­.- Goulard, J.P. (1994). Los tikuna. En: Santos Granero, F y Frederica Barclay (editores). Guía etnográfica de la Alta Amazonía. Volumen I. Quito, Ecuador: FLACSO, IFEA.

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9.-­ Morín, F. (1988). Los shipibo conibo. En: Santos Granero, F y Frederica Barclay (editores). Guía etnográfica de la Alta Amazonía. Volumen I. Quito, Ecuador: FLACSO, IFEA.


10­.- Neves, E. (2007). El formativo que nunca terminó: la larga historia de estabilidad en las ocupaciones humanas de la Amazonía central. Boletín de arqueología 11.

11.-­ Nimuendajú, C. (1952). The tukuna. Michigan, EEUU: University of California Press.

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