Los incendios forestales y sus sorpresasútiles para la restauración de paisajes

Aunque muchas personas creen que en la selva casi no ocurren incendios forestales debido a la alta humedad del ambiente, lo cierto es que incluso los ecosistemas más húmedos pueden arder, especialmente en zonas donde la actividad humana es habitual. Durante mucho tiempo, la quema de áreas boscosas en la Amazonía generó poca o ninguna alarma, pues se asumía como una práctica común en terrenos usados para agricultura y ganadería, aun cuando más del 80 % de estos suelos tenía aptitud forestal (ONERN, 1985). Con el paso del tiempo, estas quemas se volvieron aún más frecuentes, impulsadas por la constante expansión de la frontera agrícola.
Si bien los incendios controlados o “quemas” suelen abarcar superficies pequeñas —en promedio 1,5 hectáreas—, sus efectos acumulados han provocado una reducción drástica de la cobertura forestal. Aun así, la mayoría de estos incendios no solían ser de gran magnitud hasta después de la década de 1990, cuando este fenómeno empezó a observarse con mucha más frecuencia en regiones como San Martín, Ucayali y Madre de Dios (Reátegui, 1996).
Los efectos del fuego sobre la vegetación han sido estudiados por ecólogos desde hace décadas, en gran parte por las repercusiones económicas que pueden generar. Estos efectos dependen principalmente de tres factores: el tipo de vegetación presente, la intensidad del incendio y la frecuencia con la que estos eventos ocurren.
Aunque suele pensarse que los incendios causan daños irreparables, numerosos estudios demuestran que muchas comunidades vegetales poseen una notable capacidad de recuperación. Tras un incendio, suelen reorganizarse y avanzar hacia un nuevo estado de equilibrio ecológico y de composición de especies, lo que muestra que incluso quemas frecuentes no siempre derivan en una degradación irreversible del ecosistema.
Desde la perspectiva de la restauración ecológica, se reconoce que, pese a su carácter perturbador, el fuego puede contribuir a promover la diversidad (Ponisio et al., 2016), ya que reduce la dominancia de especies altamente competitivas y abre espacio para otras. Su manejo en el paisaje genera interacciones complejas con los procesos ecológicos, las redes alimentarias y la biodiversidad. Comprender estas dinámicas puede ser clave para impulsar la restauración y fortalecer la resiliencia de los ecosistemas (Bowman y Legge, 2016).
Los trabajos de campo han demostrado que muchas especies vegetales logran resistir esta perturbación gracias a diversas adaptaciones, entre ellas: la capacidad de germinar al contacto directo con el suelo; la presencia de tallos y raíces subterráneas como bulbos o rizomas; tejidos capaces de tolerar altas temperaturas; y mecanismos que permiten liberar semillas o estimular la germinación tras un incendio. Estas adaptaciones representan estrategias de vida altamente eficientes, capaces de transformar un evento que podría ser catastrófico
en una oportunidad ecológica, asegurando así la persistencia y predominancia de estas especies en ecosistemas donde el fuego es un factor recurrente.
Al monitorear áreas afectadas por los incendios forestales de 2024 y 2025 en la jurisdicción de la comunidad nativa Puerto Firmeza, en la región Ucayali —caracterizadas por suelos ultisoles muy degradados (pH 4.5, bajo contenido de materia orgánica y alta compactación) y un clima tropical cálido y húmedo (temperatura media de 26.7 °C)— identificamos especies nativas con notable resiliencia. Estas plantas muestran una fuerte capacidad de regeneración y supervivencia, y logran persistir pese a no contar necesariamente con adaptaciones específicas al fuego. Su presencia cumple un papel crucial en la prevención de procesos como la desertificación o la sabanización en ecosistemas amazónicos propensos a incendios.
Entre estas especies se encuentran Tanaecium pyramidatum, Swietenia macrophylla, Genipa americana, Brosimum alicastrum, Tabebuia serratifolia, Apeiba tibourbou, Attalea phalerata Mart. ex Spreng., Heliconia rostrata y Copaifera reticulata. Todas ellas pueden —y deben— considerarse en las fórmulas florísticas según los objetivos de restauración planteados.
Por ello, hemos orientado nuestros esfuerzos de investigación hacia la restauración ecológica y ambiental, comenzando por la identificación de especies sombrilla o facilitadoras, colonizadoras, estabilizadoras, pirofiticas y otras categorías funcionales de la flora local. Este conocimiento será fundamental para diseñar y proponer fórmulas florísticas de restauración del ecosistema.
Cuando se inicia un proyecto de restauración es fundamental definir con claridad cuáles serán los objetivos de la recuperación de la cubierta vegetal, ya que el propósito de la repoblación condicionará directamente las características técnicas del proyecto. Para ello, es necesario consi


derar las distintas funciones que cumple la vegetación, de modo que los objetivos de restauración respondan realmente a las necesidades del ecosistema y de la sociedad. Entre estas funciones destacan las recreativas o culturales, que están relacionadas con el paisaje y el aprovechamiento para el disfrute humano; las socioeconómicas, vinculadas a la producción de bienes o servicios, ya sea con beneficios directos o indirectos; y las protectoras y generadoras de servicios ecosistémicos, como el mantenimiento de la biodiversidad, la regulación del microclima, la provisión de hábitat, la conservación del suelo, la captura de carbono y el soporte a procesos ecológicos esenciales.
En este contexto, las especies pirofíticas desempeñan un rol clave para iniciar y sostener la restauración de ecosistemas afectados por el fuego. Su importancia radica en su capacidad para encabezar la sucesión secundaria, proteger el suelo y contribuir a la multifuncionalidad del paisaje, lo que las convierte en aliadas indispensables para la recuperación de áreas degradadas. Comprender y aprovechar sus funciones ecológicas puede mejorar significativamente la efectividad de los proyectos de restauración.
Ignorar estas capacidades puede conducir a errores, como la introducción de especies no adaptadas que no pueden competir con la regeneración natural pirofítica. Después de un incendio, la composición específica del ecosistema está, en gran medida, determinada por estas adaptaciones: las especies pirofíticas dominan naturalmente las etapas iniciales de la sucesión ecológica, tal como se observa actualmente.
REFERANCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Bowman, D.M.J.S. and Legge, S. (2016), Pyrodiversity—why managing fire in food webs is relevant to restoration ecology. Restor Ecol, 24: 848-853. https://doi.org/10.1111/ rec.12401
ONERN. 1985. Los Recursos Naturales del Perú. Oficina nacional de evaluación de recursos naturales. Lima, Perú. 325p.
Ponisio, L.C., Wilkin, K., M’Gonigle, L.K., Kulhanek, K., Cook, L., Thorp, R., Griswold, T. and Kremen, C. (2016), Pyrodiversity begets plant–pollinator community diversity. Glob Change Biol, 22: 1794-1808. https://doi. org/10.1111/gcb.13236
Reátegui, F. 1996. Monitoreo continuo de los procesos de deforestación en la amazonía peruana. Trabajo Profesional para obtener el título de ingeniero Forestal., Facultad de Ciencias forestales, Universidad Nacional Agraria la Molina. Lima, Perú. 84 p.