La Entrevista: Emanuele Fabiano (Pontificia Universidad Católica del Perú -PUCP)

Emanuele Fabiano es Doctor en Antropología y Etnología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, profesor TPA de la Facultad de Ciencias Sociales de la PUCP. Miembro del Grupo de Antropología Amazónica (GAA-PUCP). Ha desarrollado investigaciones en la Amazonía con comunidades urarina, en las regiones andinas del Perú y Bolivia, y en el Darién (Panamá), con comunidades emberá. Sus investigaciones se enfocan en las comunidades indígenas amazónicas y sus relaciones con el Estado y los mercados, además de analizar los conocimientos ecológicos tradicionales como prácticas de resistencia comunitaria. Es autor y coautor de numerosos artículos científicos y libros especializados.

• Usted ha desarrollado investigaciones con pueblos indígenas en diferentes lugares del Perú y de América Latina, específicamente en América Central, los Andes y la Amazonía peruana. ¿Existen similitudes entre los pueblos que habitan en estas regiones tan particulares? ¿Afrontan los mismos retos y dificultades?

Lamentablemente las problemáticas que hoy en día están viviendo los pueblos amazónicos en Perú experimentan una difusión a una escala nunca antes experimentada, involucrando de forma similar a otros pueblos originarios en distintas partes del mundo. Cada día se hace más evidente como las lógicas económicas actuales identifican en estas regiones un eje estratégico, lo que significa un esfuerzo constante por parte de empresas nacionales e internacionales por intensificar sus actividades extractivas. Comprender en profundidad lo que enfrenta hoy en día la Amazonía y sus habitantes, implica un doble esfuerzo de alejamiento. Por un lado, es necesario un distanciamiento de las nociones esencialistas de “identidad” o “ancestralidad” que han promovido, y siguen promoviendo, la invisibilización de las realidades indígenas contemporáneas. Así, por ejemplo, pensar en las sociedades nativas de estas regiones en términos de pertenencia o exclusión de un conjunto uniforme –los “indígenas genéricos”, para usar una expresión de Darcy Ribeiro– ha alimentado un efecto de exotización, cuyo resultado ha sido promover la idealización selectiva de un puñado de características, en muchos casos las más inofensivas para el discurso hegemónico, y, en cambio, ha omitido por completo la existencia de diferencias, ambigüedades y conflictos dentro de estas mismas sociedades. Lo que resulta evidente es como éstas, y otras formas de negación de la realidad, han sido extremadamente funcionales a la hora de delimitar las poblaciones indígenas dentro de genéricas unidades residenciales y productivas institucionalizadas, convirtiéndolas de esta forma en objetos de administración, gestión y poder.

• Sus últimas investigaciones se focalizan en la cuenca del río Chambira, una zona que ha sido olvidada por el estado durante muchas décadas, sufriendo los impactos de las actividades poco sostenibles de las empresas extractivas. ¿Cómo puede la investigación social ayudar a paliar tantas décadas de impactos negativos?

La actual situación socio-económica de la cuenca del Chambira es el resultado del relativo aislamiento que por décadas ha caracterizado las relaciones entre las comunidades urarina y la sociedad nacional, y que solo en los últimos años está sufriendo una transformación muy acelerada. En particular, este proceso se dio a partir de la primera mitad del siglo XX, época en la cual se registró un aumento de fundos gestionados como pequeñas posesiones agroextractivas bajo el control de patrones, que en muchos casos se asentaron a lo largo del río Chambira. El sistema de habilitación continuó floreciendo hasta finales de la década de 1980, cuando el sistema de relación patrón-cliente comenzó su declive, pero sin desaparecer por completo.

En la actualidad, la estructura de explotación de la mano de obra indígena ha sido en mayor parte redimensionada en razón a la expansión de un creciente mercantilismo competitivo, en el cual pequeños patrones y comerciantes itinerantes negocian directamente con las comunidades. Esto ha coincidido con una nueva temporada de extractivismo de recursos maderables, obteniendo la autorización de extracción de manera fraudulenta emitida por las autoridades locales. Además, en los últimos años los numerosos derrames, generados por las operaciones en el Lote 8, ubicado el distrito de Urarinas, han afectado y siguen afectando las comunidades indígenas y ribereñas, contribuyendo a poner de manifiesto la urgencia de una solución compartida de estas problemáticas socio-ambientales.

La investigación social pueden desempeñar un papel clave para entender estos procesos y quizás sugerir las herramientas posibles para actuar de la mano con las comunidades locales, sus organizaciones y colectivos. Sin embargo, esta responsabilidad debe ser acompañada por un compromiso real y un esfuerzo que apunte a plantear dialogo, tanto al interior de la Academia, pero sobretodo, con los sectores no especializados, en un intento de sensibilizar un público más amplio sobre temas que hoy en días son prioritarios para el planeta y que convocan a toda la humanidad.

• Algunas de sus investigaciones las desarrolla de manera conjunta con investigadores del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana y la Universidad de Saint Andrews. No es muy habitual encontrar antropólogos que desarrollen un trabajo cooperativo que involucre a varias instituciones de investigación y a varias disciplinas. ¿Cómo describiría esta experiencia colaborativa?

La oportunidad de colaborar con un equipo multidisciplinario y de gran experiencia ha sido una experiencia enriquecedora desde muchos puntos de vista. Si por un lado la cercanía con especialista de otras disciplinas me ha dado la posibilidad de repensar temas y objetivos de mis propias investigaciones; por otro lado, me ha enseñado el valor y la necesidad de plantear experiencia de investigación realmente interdisciplinarias, capaces por lo tanto de estimular el dialogo y de retroalimentar constantemente el trabajo de investigación.

Es cierto que en la antropología sigue existiendo un enfoque muy individualista hacia la investigación, una imagen a menudo heroica de la investigadora o investigador que en el vacío neumático investiga, «descubre», describe… No hay nada más absurdo. Creo que los retos de la contemporaneidad nos están enseñando que esta visión no solamente remite a una idea permeada de un romántico anacronismo, sino que limitan la posibilidad de un trabajo colaborativo que, sobre todo para las ciencias sociales, además de las y los colegas de distintas disciplinas, debe involucrar directamente y de forma activa a las comunidades locales.

• Estamos acostumbrados a escuchar en los medios de comunicación sobre los impactos de las actividades humanas en la biosfera, pero poco o nada escuchamos de los impactos reales sobre la etnosfera, el conjunto de pensamientos, ideas, representaciones y formas de vida existentes en el planeta. ¿Cómo cree usted que desde las ciencias sociales podemos cambiar el foco de atención y sensibilizar sobre la preservación de las culturas originarias? ¿Es posible una biosfera equilibrada y rica sin una etnosfera vital y diversa?

En la actualidad, las graves perturbaciones ecológicas obligan a mirar con mayor atención los vínculos de la relación ecosistema-cultura, y entre conservación de la biodiversidad y el papel que juega en ese proceso la diversidad cultural, siendo necesario no solo enfocar nuestra atención hacia los mecanismos jurídicos formales existentes, sino también a las dinámicas sociales que se suceden a nivel local.

El antropólogo Peter Bille Larsen recientemente ha argumentado la necesidad de apelar al concepto de «posfrontera» que implica el reconocimiento de los actores sociales en las políticas y en el desarrollo de sus territorios, en oposición al concepto de «frontera», en el cual la Amazonía era vista como un territorio baldío, en el que los pueblos indígenas existen en cuanto sujetos desprovistos de la capacidad de tomar decisiones sobre su desarrollo.

Una de las tareas prioritarias de las ciencias sociales es por consiguiente, no solamente reconocer la importancia de los aspectos culturales y sociales de la duradera relación que estas sociedades han establecido con su proprio medio, sino también de animar una mayor comprensión de las implicaciones relativas a esta relación de mutua dependencia. No tengo duda que nos queda mucho por aprender y que los intentos hechos hasta ahora en esta dirección trascienden el simple ejercicio académico y ofrecen la posibilidad concreta de desarrollar formas inéditas de contemplar al mundo y vivir en él.

• ¿Cómo ha afectado la pandemia a las investigaciones sociales? ¿Puede contarnos algo sobre sus proyectos futuros?

La pandemia ha puesto de manifiesto numerosas problemáticas, algunas de las cuales están claramente vinculadas a la emergencia sanitaria, mientras que otras resultan ser más profundas y estructurales. Se trata de una experiencia absolutamente inédita para muchos de nosotras y nosotros, un evento que dramáticamente nos hace enfrentar nuevos retos personales y profesionales. Lo que estamos viviendo influenciará profundamente – y ya lo está haciendo – tanto nuestra forma de investigar y las preguntas que guían nuestra labor, como los objetivos que nos plantearemos de aquí en adelante. Personalmente espero poder reanudar cuanto antes mis actividades y seguir con los proyectos en curso, si se dan las condiciones para que estos se puedan realizar sin perjudicar a las comunidades con las cuales estoy trabajando. Tengo mucho interés en seguir con las investigaciones que vinimos coordinando con el equipo de sociodiversidad del IIAP sobre distintos aspectos del conocimiento ecológico tradicional urarina en relación a los ecosistemas de humedales que caracterizan la región del Chambira. Se trata de un tema de investigación de gran importancia debido a la tarea que los complejos de humedales cumplen en mitigar el calentamiento global y como la experiencia urarina en el manejo de estos ecosistemas puede ayudarnos a preservarlos.

Juan Jose Bellido

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